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Propóleo no es un chat
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Benjamín Vial se llama Bernardo Ruiz. Hizo fortuna casándose con Trinidad Errázuriz, hija del general en retiro, Hernán Errázuriz. Su padre fue un militar de bajo rango que sirvió a los jerarcas de la dictadura, tanto en maniobras de torturas, encargándose de recoger los restos de los torturados hasta la muerte, o limpiando fluidos orgánicos de los agónicos, manejando camionetas, siendo guardias en las entradas de loa recintos de tortura, o limpiando casas de generales, haciendoles trámites personales, llevando a sus hijos al colegio, etc. Es decir fue un perro fiel.
Benjamín, que se llamaba Bernardo, fue un niño maltratado por su padre, que descargaba sus culpas y peso de conciencia en su fragilidad infantil, con gritos, humillaciones y golpes. El niño desarrolló un resentimiento que inteligente y progresivamente transformó en arribismo. Arribismo que incubó en su infancia, cuando acompañando a su padre en misiones domésticas en servicio a sus superiores, observaba con dolor las brutales diferencias entre su vida y la de los hijos de ellos. Casas preciosas, con piscinas que en ausencia de sua dueños, él disfrutaba, mientras su padre alimentaba perros de raza, regaba jardines, y limpiaba bordes de ventanas, y mantenía la casa de los jefes, en los tórridos veranos santiaguinos de los años 80. Todo era tan diferente a su vida, en una villa de la periferia, con casas pequeñas y ampliaciones, en que los niños paliaban el calor con duchas de mangueras en el patio y veredas de los estrechos pasajes. Las familias sólo tenían un televisor y un auto era una aspiración gigantesca, más aún con la abrupta y altísima subida del dolar, en el 82. En ese contexto Bernardo "conoció" a Trinidad. La encontró linda y se imaginó pololear con ella. Después sigo.

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