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PROPOLEO-ZINE NÚMERO 3 EN MARCHA

FECHA TOPE PARA ENVIAR: 30 DE OCTUBRE
TEMA: 'paisaje' como un abstracto que implica un observador y un territorio/espacio que se visualiza, mirar por la ventana y la marginalidad es un paisaje desolador, la familia desayunando en la cocina desde tu silla puede ser un paisaje hermoso, podrías mirar a tu pololo/a y describir el paisaje en sus ojos.
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Nos llamaron para ir a una de las salas de reuniones dos pisos arriba, donde estaban esperando nuestra jefatura directa y un ejecutivo de la corpo, probablemente el encargado de administrar los productos hechos por empresas contratistas.

Aunque la sala de reuniones era igual a la nuestra, arreglada para alojar indefinidamente a un equipo de 6 programadores, una QA y un jefe de proyectos, el estar un par de metros más arriba mostraba el exterior de una forma distinta. Todos los edificios que rodeaban al nuestro se veían pequeños. No habían nubes en el cielo y el aire acondicionado me hacía pensar en la idea de quedarme ahí para siempre, viviendo en el edificio como un empleado de fondo, un extra sin rostro en la vida de los demás, sobreviviendo de la comida que dejaban abandonada en el refigerador recogiéndola todos los viernes a las 13:00 porque media hora después pasaban a revisar y limpiar las bandejas.

No exploré mucho esa idea. Más que nada me quedé mirando a uno de mis compañeros, que sentado, estaba mirando hacia el exterior a través de uno de los ventanales. Estaba pensativo y hasta podría decirse que su mente se encontraba en un estado de nostalgia crónico. Otra mirada hacia los demás asistentes a la reunión era suficiente para hacerse una idea del porqué estábamos ahí y la clase de noticia que recibiríamos. En algún momento pensé en que se trataba de mí, al fin había sido descubierto viendo trapitos de medio kilo en horario laboral, pero las dudas se disiparon al minuto.

Sin rodeos ni mucho menos palabras técnicas o eufemismos nacidos de la empatía que pudieran suavizar el golpe, nuestra jefatura directa nos informó que de tres de las aplicaciones móviles que estaban en desarrollo bajo nuestra responsabilidad, solo una quedaría activa y las otras dos habían sido terminadas. Se formaría un nuevo y único equipo, hecho con el mejor material de los dos anteriores, un grupo de personas cuyos nombre la corpo ya tenía en una lista.

Después de eso no pasó mucho. Estuve 4 días en la oficina, en un estado que no puedo definir de otra forma más que la de limbo, o purgatorio. La oficina, o el conjunto de habitaciones que llamábamos oficina, estaba totalmente desierta excepto por nosotros, los espectros sin patria. Los elementos más inteligentes y vivarachos ya habían sido relocalizados en el dream team o en otros proyectos, como el que se estaba desarrollando en F-LL. Nada que ver con mobile, por allá el pasillo contaba que estaban trabajando con bases de datos Oracle y poniéndole al Java. Para lo que te preparan cuando estás estudiando, en el fondo.

Me enamoré de la idea. En un estado perpetuo de inactividad laboral. Sentado en esa pequeña mesa de reuniones haciendo algo que de pronto descubriría una veta que significaría mí éxito comercial.

Solo no me toques los huevos y deja que me haga otro café. No pongas fechas plazo y sígueme, te mostraré una o dos cosas del Océano de Hierro.

Pero Big corpo apuesta fuerte y vive rápido. No tiene tiempo para weás. Quiere dinero. Contante y sonante. Esa es y será, su única declaración de principios. Una empresa como Konami podría existir sin problemas en Chile. Se ve el software primero y antes de todo, como un activo que genera dividendos. Los videojuegos como idea de entretenimiento, herramientas de desarrollo de las habilidades análiticas o los propios reflejos ("Un anciano de 79 años juega Dark Souls II para mantener sus sentidos despiertos, tremenda weá, ¿qué querís, que te aplauda?") o incluso un medio capaz de expandir la literatura o hacer pensar en algo, es puro ruido blanco. La pausa comercial de una playlist. De la misma forma que decimos que el cobre está bien en manos de monolitos extranjeros porque no somos capaces de crear tecnología nativa. Una idea que quieres que se extinga rápido de la pura vergüenza, privada y colectiva, de las elecciones que hicimos e hicieron por nosotros incluso antes de que naciéramos ¿Para qué dedicar tiempo y esfuerzo en "iniciativas", nos decímos a nosotros mismos, que permitan crear y vender productos nacionales, cuando en su lugar puedes tomar las máquinas de apuestas del bazar y meterles las fotos de lolis en microbikini y ya tienes la mano adentro del bosillo de todo un grupo demográfico. El software sirve para liberar dopamina y aumentar el número de dos o tres cuentas bancarias.

Cada uno de nosotros dedicó esos días de la mejor forma que podía pensar, haciendo por el computador algo que podría significar una posibilidad de poder conservar nuestros puestos. A mi izquierda, una persona que se dedicaba y le encantaba todo el trabajo frontal y a mi derecha, un ingeniero en electrónica como yo, interesado en pila completa.

Y en este estado de letargo, me entraron las ganas de comprar hierba.

Grindr siempre me pone nervioso. De pronto la famosa camioneta blanca y tres negros que te meten adentro entre combos y patadas para después tirar tu carcaza fría y vacía en algún río o cuenca de Santiago, para aparecer seis días después arrastrando una pata, con un ojo menos, la mandibula expuesta, y dejando un camino de alquitrán y excrementos por la calle mientras los cabros chicos te pican con palos arriba de las bicicletas y los perros te ladran como si fueras el animal más insoportable del infierno.

Compré 4g en un complejo habitacional de Pedro de Valdivia, en Santiago. Curiosamente, es la primera vez que recibo los bienes en las bolsitas ziploc de esas que tanto me gustan. "Esto si que es dar la milla extra que tanto predican en Occidente los anglos, por la chucha" me dije, mientras la pareja, marido y mujer, jóvenes a cagar, se alejaban por la calle del Castaño. Pensé en una guagua esperando su regreso con la nariz sobre el borde del corral, imaginé que miraba por la ventana, donde solo se veían otros edificios residenciales, en recibos de cuentas que pagar en un refigerador lleno de stickers, en deudas que saldar. El hombre y la mujer no habrán tenido más de 25. Choros y gruesos ambos, listos, por experiencia o simplemente el sentido común que yo no he tenido nunca, de agarrarse a combos y patadas con quien fuera si los bizcochos salían rancios.

Con los cogollos en el bolsillo y mi mano sudorosa jugando con la apertura corrediza de cartílago de uno de los saquitos, encaminé hacia la oficina donde me esperaba mi compañero. Sospeché que no me quiso acompañar de cobarde, pero a la mierda, yo también soy cobarde y siempre comparto la hierba que tengo. Es parte de mi código. No ser tacaño con la marihuana. Vivimos en una sociedad más libre que la de nuestros antepasados, bueno es recordarlo y celebrarlo, compartiendo lo que tenemos y valoramos.

Mientras hablábamos de Neuralink y mi compañero me explicaba que estaban luchando por hacer los filamentos para conectarse a la masa encefálica más delgada de lo que se ha logrado por la oficialidad, empecé a recordar las tardes narcolépticas en la corpo, con el sol de la tarde reflejado en la pantalla. Había germinado en mi interior una idea. Oculta y postergada por muchos años, pero por sobre todo, inmóvil por la formación de algo parecido a un discurso moralista del oficio al que nos dedicábamos y al gremio del que me sentía parte. Pero hoy es diferente. En tiempos de guerra el bien y el mal dejan de existir o se suspenden, hasta que la paz pueda reinstalarse y separar héroes de villanos.

La inactividad mental, el tedio y la absoluta falta de pasión y compromiso por mi trabajo, durante las semanas, tal vez meses, antes de mi despido, habían hecho crecer en mí a través de ese abono mental el primordio de una motivación y recordé una vieja forma de entender lo que hacíamos. Mientras fumábamos sentados en una banca, esa concepción empezó a ganar masa y con ella, la inevitable gravedad.

Semanas antes caminaba junto con mi jefe hacia la estación de Escuela. No hablábamos mucho, o tal vez, nunca llegamos a entendernos como iguales, sobre todo por lo pésimo que hacía mi trabajo, así que aprovechaba de la mejor forma cuando la oportunidad se daba. No solo es el mejor programador que conozco, es alguien que merece mi respeto. Uno de, o tal vez, el único administrador de servidores de la corpo, un portugués con residencia permanente en Chile y que estaba descubriendo las maravillas de Docker de la mano de mi jefe, le había presentado vim hace unos días y estaba impresionado por el ingenio y la habilidad que los viejos magos UNIX habían tenido para crear un sistema de escritura por terminal que no requería mouse.

Recordé la iglesia EMACS y a Richard Stallman con un disco magnético de datos de la época de los Hierros Grandes amarrado a la cabeza, caminando en el auditorio de alguna universidad argentina como un Rasputín o como Alan Moore haciendo un acto psicomágico con Jodorowsky en una tienda de libros en Northampton. La visión que los fundamentalistas GNU tienen sobre la creación de un editor de texto para conquistar el territorio del ciberespacio tan solo armados con lo único que la comunidad siempre ha necesitado para, no solo sobrevivir, sino que imponerse sobre el propio Commercium del Dato Grande Globalista totalizador: su propia cultura y el triunfo de la voluntad a través del poderoso medio que es la propia costumbre. La calidad del código habla por sí mismo. Tal vez la verdad no se defiende sola, pero pasa por arrastre junto con el flujo de caja.

¿Qué tan lejos se separó en Chile la comunidad del software libre, los bastardos del código abierto y la actividad comercial del país? Recuerdo que la única vez que ví a alguien que podía ser un mago UNIX fue a un administrador de sistemas que habló con mi jefe quince minutos. Barba blanca, una cervecera escondida debajo de una camisa a rayas sin mangas dentro del pantalón y acompañado de una voz grave, un tono seco y penetrante a cualquier mentira o falla en El Orden. El rostro de José Donoso y el nombre de Gonzalo Betrán pasaron por mi cabeza. Nunca supe si es que estaba a cargo de las bases de datos Oracle o SQL Server. Apenas de reojo por el pasillo, ví un par de veces a dos o tres administradores de base de datos que conversaban con el gestor de SQL Server abierto, y la gente del piso 6, con los que solo hablé dos veces en diez meses, discutían al frente mío de los errores del oráculo durante una visita que se hizo eterna, mientras buscaban el origen del problema que provocaba que los servicios que estaban escribiendo no devolvieran datos cada vez que les pegábamos.

La infraestructura funcionaba, pero a veces le daba por luchar contra sí misma. El miopismo de los patrones no ayudaba en lo más mínimo.

El jueves 9 las cosas ocurrieron bastante rápido. Se me llevó a una oficina y se me explicó que debido a la decisiones administrativas de la corpo, me contrato se terminaba. Mi negligencia y falta de emoción por lo que hacíamos no daba, creo yo, suficiemente espacio para buscarme un rincón en alguno de los otros proyectos que la empresa tenía. Luego de agradecer la oportunidad y discutir que los peligros de la nube dan lo mismo en Chile porque nuestros datos comerciales están en servidores de Estados Unidos desde el año 2000, tomé mis cosas, me despedí de mi compañera (un verdadero descubrimiento para el departamento de QA) y salí por la puerta. No pasé a la Fuente Alemana, ya había probado los chacareros y los completos, que tienen un rico sabor que me recordó la escena de El Irlandés donde Frank Sheeran explica que Jimmy Hoffa amaba los completos de un local cuya receta era hervir las salchichas en cerveza, aunque otros comentarios en youtube se apresuran en explicar que son sumergidos en un caldo hecho de cerveza y cebolla. Los completos de la Fuente Alemana tienen un dejo a cerveza.

Pasé al Johnny Rockets del 14 eso sí. Un ruta 66, carne con pepinillos, queso y mantequilla, con papas frítas, una coca cola con esencia de vainilla y una malteada de chocolate. Si voy a morir, no me iré sin comer algo delicioso antes.

Según los números de mi finiquito, no debería morir por lo menos por dos meses. Tiempo suficiente para poder preparar la siguiente etapa.
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me llama la atención la apreciación que haces de tu trabajo, dices que lo hacias mal o de mala gana, de baja calidad...

¿a qué se debia esto? falta de motivación? falta de pericia técnica? falta de "feeling" con el equipo humano detrás del desarrollo? te penqueaban por ello? a nadie le importaba? te sentías sucio por ello?
¿qué horizontes tienes ahora? qué buscas? plan A, plan B, plan C?
luego comparto un relato personal.

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