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PROPOLEO-ZINE NÚMERO 3 EN MARCHA

FECHA TOPE PARA ENVIAR: 30 DE OCTUBRE
TEMA: 'paisaje' como un abstracto que implica un observador y un territorio/espacio que se visualiza, mirar por la ventana y la marginalidad es un paisaje desolador, la familia desayunando en la cocina desde tu silla puede ser un paisaje hermoso, podrías mirar a tu pololo/a y describir el paisaje en sus ojos.
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Buenas, estaba leyendo un ensayo de Harold Rosenberg sobre la pintura de acción -action painting, el estilo- y en esta parte habla de algo que he visto que muchos piensan (en esta parte no se refiere solo a la pintura de acción, sino a cómo se mueve la cultura a través de la economía, los medios y los intelectuales). Si bien, el artículo habla del arte de mediados del siglo pasado, no quiere decir que no pueda ser extrapolado a lugares como el Chile actual, donde la cultura -más bien el modo en el que los intelectuales, la economía y los medios la promueven- funciona aún en términos similares, aunque habría que actualizar ciertas ideas.

EL MEDIO: LA NO-AUDIENCIA OCUPADA

Hemos dicho que la nueva pintura necesita de un nuevo tipo de crítica, que sea capaz de distinguir las cualidades específicas de cada acto del artista.

Desafortunadamente para un arte cuyo valor depende de la autenticidad de sus misterios, el nuevo movimiento apareció en el mismo momento en que el Arte Moderno en masse “llegó” a los EEUU: arquitectura Moderna no sólo para hogares sofisticados, sino también para corporaciones, municipalidades, sinagogas; muebles y vajillas Modernos en catálogos de compra por correspondencia; aspiradoras y abrelatas Modernos; “móviles” con anuncios de cerveza –junto con reproducciones y artículos sobre pintura de avanzada en revistas de gran tiraje. Enigmas para todo el mundo. Hoy en día, el arte en los EEUU no sólo es nuevo, sino que también es noticia.

La nueva pintura emergió vinculada al Arte Moderno y sin aliados intelectuales –mientras que en literatura todo ha encontrado su nicho.

De esa relación se han derivado algunas supersticiones comparables a las de una mujer que tiene un marido famoso. Las superioridades, incluso las supremacías, se dan por sentadas. Se alardea que la pintura moderna en los EEUU no sólo es original, sino que además constituiría un “avance” en el mundo del arte (mientras se dice al mismo tiempo “al infierno con el ‘mundo del arte’”).

Todos saben que la etiqueta de Arte Moderno ya no guarda ninguna relación con las palabras que la componen. Para ser Arte Moderno, una obra no necesita ni ser arte, ni ser moderna; ni siquiera necesita ser una obra. Una máscara del Pacífico Sur de trescientos años califica como Moderna y un palo de madera encontrado en una playa se convierte en Arte.

Al descubrir esto, algunas personas se vuelven extremadamente entusiastas e, incluso, lo que resulta bastante extraño, orgullosas de sí mismas; otras se enfurecen.

Estas reacciones sugieren lo que el Arte Moderno realmente es. No es ni siquiera un Estilo. No tiene nada que ver ni con el período en que fue hecha una cosa, ni con la intención de quien la hizo. Es algo que alguien tuvo el poder social de designar como psicológica, estética o ideológicamente relevante para nuestra época. La pregunta sobre este madero a la deriva es: ¿Quién lo encontró?

El Arte Moderno en EEUU constituye una revolución del gusto –y sirve para identificar la casta que conduce tal revolución. Las respuestas al Arte Moderno son, básicamente, respuestas a demandas por un liderazgo social. Debido a ello, el Arte Moderno es periódicamente atacado por esnob, rojo, inmoral, etc., por los intereses establecidos en la sociedad, la política, la iglesia. Es la comedia de una revolución que se restringe a sí misma a las herramientas del gusto –y que al mismo tiempo se dirige a las masas: tejidos de diseño moderno en las secciones de ofertas, ropa interior moderna para chicas oficinistas que viven solas, botellas de leche modernas.

El arte moderno es educativo, pero no en relación al arte, sino a la vida. No puede explicarse la pintura de Mondrian a gente que no sabe nada de Vermeer, pero puede explicarse fácilmente la importancia de admirar a Mondrian y de olvidar a Vermeer.

A través del Arte Moderno, la expansiva casta de los ilustradores profesionales de las masas –diseñadores, arquitectos, gente de moda, directores de exhibición- le informa al pueblo que un Valor supremo ha emergido en nuestro tiempo, el Valor de lo NUEVO, y que hay personas y cosas que encarnan tal Valor. Este Valor es completamente fluido. Como hemos visto, el Arte Moderno no necesita ser realmente nuevo; sólo necesita ser nuevo para alguien –para la última señora que encontró el madero a la deriva- y ganar neófitos es el interés principal de la casta.

Dado que lo único que importa en el Arte Moderno es que la obra deba ser NUEVA, y dado que la cuestión de su novedad no viene determinada por un análisis, sino por el poder y la pedagogía social, el pintor de vanguardia funciona en un medio totalmente indiferente al contenido de su trabajo.

A diferencia del arte americano del siglo XIX, las pinturas de avanzada hoy en día no son compradas por la clase media . Tampoco lo son por el pueblo. De hecho, considerando el grado en que se le publicita y se le celebra, la pintura de vanguardia difícilmente llega a ser comprada. Se le usa totalmente como material para empresas educativas y lucrativas: reproducciones a color, adaptaciones de diseño, historias de interés humano. Pese a que la gente ve y oye hablar de obras de arte como nunca antes, el artista de vanguardia no tiene auditores. Tiene a individuos que se interesan por ella por aquí y por allá, pero no una audiencia. Crea en un entorno no de personas, sino de funciones. Sus pinturas son empleadas, no queridas. El público para cuya edificación es periódicamente sacado a relucir acepta las elecciones que se hacen en su nombre como fenómenos de La Era de las Cosas Raras.

Una acción no es una cuestión de gusto.

No se permite que sea el gusto el que decida si se dispara una pistola o se construye un laberinto.

Tal como lo entendió el Marqués de Sade, incluso los experimentos en sensaciones, si son repetidos de manera deliberada, presuponen una moralidad.

Para poder ver en la explosión de metralla sobre la Tierra de Nadie únicamente la apertura de una flor flameante, Marinetti tuvo que borrar las premisas morales del acto de destrucción –así como Molotov lo hizo explícitamente cuando dijo que el fascismo era una cuestión de gusto. Ambas “emes”, por supuesto, estaban hablando el lenguaje extraviado del Arte Moderno Internacional.

Al limitarse al plano estético, las burocracias del gusto del Arte Moderno no logran captar la experiencia humana que se encuentra implicada en las nuevas pinturas de acción. Si se toma como base de comparación el parecido de sus superficies, una obra es equivalente a otra, y el movimiento como un todo se suma a la moda de la producción de imágenes del siglo veinte. Los ejemplos de cada estilo se agrupan uno al lado del otro en los shows anuales y viajeros, así como en la cabeza de los lectores de diarios, como si se tratase de carne enlatada en una marca estándar de cadena de supermercado.

Para contrarrestar la estupidez, la venalidad y el sin sentido del Mundo del Arte, el arte de vanguardia americana necesita una audiencia genuina –y no sólo un mercado. Necesita comprensión –no sólo publicidad.

En nuestra forma de sociedad, la audiencia y la comprensión de las pinturas de avanzada han sido producidas, tanto aquí como allá, primero que nada por el pequeño círculo de poetas, músicos, teóricos, hombres de letras, que sintieron en su propia obra la presencia del nuevo principio creativo.

Hasta ahora, el silencio que la literatura americana ha mantenido sobre la nueva pintura no puede ser más que escandaloso.

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El texto original es "The american action painters", por Harold Rosenberg, publicado en 1952 y pueden encontrarlo entero en: relevante documento
Este fragmento es parte de la traducción que hizo Carolina Benavente Morales y pueden encontrarla en: relevante documento
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