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PROPOLEO-ZINE NÚMERO 3 EN MARCHA

FECHA TOPE PARA ENVIAR: 30 DE OCTUBRE
TEMA: 'paisaje' como un abstracto que implica un observador y un territorio/espacio que se visualiza, mirar por la ventana y la marginalidad es un paisaje desolador, la familia desayunando en la cocina desde tu silla puede ser un paisaje hermoso, podrías mirar a tu pololo/a y describir el paisaje en sus ojos.
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Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.

Juan Rodolfo Wilcock

A veces sueño con un lugar así. Con una inmensa casa llena de habitaciones interconectadas donde en el centro de cada cuarto hay otra casa más pequeña: un lugar de una arquitectura volcada hacia sí misma, hacia sus entrañas, un complejo e interminable sistema de matriuskas, pues en los cuartos de las casas más pequeñas hay otras casas diminutas, y así hasta el infinito. Todas las casas son iguales pero a la vez diferentes, versiones deterioradas de un modelo original que se ha perdido. Todas están, por cierto, desocupadas. Sus habitantes -que pueden ser personas, animales o juguetes- salieron de viaje o están de vacaciones en algún sitio desconocido. No sabemos si van a volver pero han dejado ahí los recuerdos de su estadía: peluches rotos, platos sucios, camas deshechas, pasto sin cortar, calefactores encendidos, televisores sintonizados en la estática, mascotas que vagan buscando desesperadamente a sus amos. En mi sueño pareciera que todo está estático pero no es así. En algún momento, en alguna de las habitaciones del infinito número de casas, se enciende un fuego.

Takeshi Osu, entrevistado en Mash-Up
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Slater:
<<Imagina que estás muerta, ¿Qué vas a hacer ahora con tu vida?>>

Una década llena de monstruos. Las fechas son inexactas. Me encuentro en Santiango por alguna razón, algo que que ver con la productora de Samuel Levinas,
o un almuerzo en la casa de Félix Mori. Me acompaña Mariana. Tomamos un café en el centro y después vamos a almorzar a Providencia, posiblemente en El Parrón, pero de eso no me acuerdo.
Lo que sí recuerdo es el taxista que nos llevó. Es lo más vívido que me queda de ese viaje. El taxista es calvo y lleva una chaqueta de cuero beige. Mariana le indica la dirección y él asiente y
se encamina. Los detalles son nítidos: maneja con tranquilidad; la radio está encendida en alguna emisora que intercala cumbias con noticias políticas, y la mezcla suena simplemente como un murmullo.
Lleva una estampita de la Virgen de Peñablanca y una foto del vidente Miguel Ángel, y tiene una delgada cicatriz que comienza en la frente, le atraviesa el ojo izquierdo y termina en la mejilla.
Además, nos habla. Nos pregunta que hacemos y a qué vamos. Por un segundo me temo que es un informante, pero luego me relajo. No recuerdo qué le decimos, supongo que Mariana responde. Luego él deja
de escuchar y en las escasas quince cuatradas que nos separan de nuestro destino nos explica el secreto del mundo. Nos dice que lo que sucede es que hay muchos universos, todos paralelos, y que don más o
menos parecidos; dice que alguien que es blanco aquí puede ser negro o chino en otros universos; o que la historia es la misma pero con sutiles variaciones; que Mussolini pudo haber ganado la guerra, que Nixon
pudo haber sido asesinado por el vietcong y que podría ser Leigh y no Pinochet el que gobierna Chile; dice que en esos universos infinitos las cosas se han mantenido en statu quo por millones de años, pero que
ahora, por alguna razón desconocida, las cosas han comenzado a cambiar. Por eso los ovnis, dice, o el cometa Halley. Los universos se están achicando, comprimiendo, mezclando; hay una crisis en el continuum, los
universos ya no son infinitos, están siendo devorados por estrellas negras de antimateria, por leyes físicas que apenas podemos comprender. El taxista dice que es un proceso lento pero irremediable; que todo
lo que conocemos se va a acabar de un momento a otro. Le pregunto cómo es que sabe todo eso. Son los sueños, dice. En sueños yo camino ahí, entre todas estas figuras de colores que son imágenes de los otros universos
Yo sueño cada noche cada noche con el fin de todo, dice. Sufro y me despierto y me da miedo cerrar los ojos de nuevo, dice. Y no puedo hacer nada. Solo contemplar y pensar en el fin de este univero múltiple, en el final
de todos esos mundos, noche tras noche, para luego contárselo a mis pasajeros, dice. El fin del mundo se parece a cuando uno cierra las páginas de una novela de terror, dice. Asentimos, sin hablar. El chofer da la vuelta y se detiene en la puerta del restaurante. Mariana le paga.
Bajamos y el taxi parte. Mariana me pregunta que pienso de la propuesta de la productora de Levinas, o si es mejor invertir lo dólares en dos o tres cintas de Mori. No alcanzo a responder.
Estalla una bomba.
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Osu:
<<Los pequeños rastros de sangre seca en su boca>>

Sucedió en 1973. Empezó a escribir en el Seminario, cuando compartía habitación con el melancólico Samuel Levinas. A los dos le gustaban las películas de los hermanos Mori. Se preguntaban si había alguna clase de enseñanza bíblica en ellas. No llegaban a ninguna conclusión y seguían rezando. A él le interesaba una teoría, que por cierto Levinas no despreciaba, sobre el hecho de que sus oraciones permitieran que el mundo siguiera en marcha. Hablaban de eso pero no iban más allá en la discusión. Lo importante: en esa época tenía veintiuno o veintidós años y leyó Drácula duranta las pausas entre sus actividades diarias. Y lo disfrutó. Tuvo dos semanas seguidas de pesadillas. Se las contó a Levinas y este le sugirió que las pusiera por escrito. Lo hizo. Esa semana, cuandofue a ver a su confesor, no le dijo nada de eso, lo que planeaba escribir. Tampoco de sus sueños y pesadillas. Se lo guardó como una especie de vida secreta. Aquí hay tipos que son maricas, que tienen pareja, que leen porno; a mi me interesan los vampiros. No es la gran cosa, pensó. Peores son los monseñores perfumados que andas detrás de los chicos del coro, pensó. Así que puso manos a la obra. Primero ordenó sus sueños de modo de dotarlos de coherencia. Luego empezó a trabajar sobre esas visiones, a generar una estructura. Pasó varios meses en eso. Al final se puso a escribir. Lo que salió fue una novela de cuatrocientas carillas y sin nombre, sobre una mujer vampiro que visista distintos universos, lugares y tiempos de la historia. La mujer busca a un ángel porque hay algo no resuelto entre ellos. Los encuentros, fugaces, llenos de sangre y víctimas inocentes, se suceden: Egipto, Roma, la Italia de los Borgia, los días previos a la muerte de Marat, un puedo del Oeste norteamericano habitado por oficiales sudistas renegados, el Londres de Oscar Wilde, un campo de concentración estalinista, los minutos previos al suicidio de Hitler, la habitación de un hotel en Nueva Orleans, la Luna, una estación espacial que orbita un agujero negro. En todos esos sitios la mujer busca al ángel y el ángel la esquiva. Poseída por una sed inmemorial, ella devora a quien se le cruce en el camino: hombres, mujeres, bebés, animales, extraterrestres. A veces el ángel se acerca sigilosamente a los cuerpos y los resucita. A vecesm en esos momentos la narración se interrumpe, le cuentan sus vidas al ángel antes de cerrar los ojos y exhalar su último suspiro. En ocasiones el ángel mata a la mujer; ne otras ella bebe la sangre del ángel. A ratos, en ciertos lugares epifánicos, yacen juntos. No hay climax. Ni final. Los encuentros se pueden suceder hasta siempre, una y otra vez, se confunden, se multiplican, se repiten. La novela se convierte en una serpiente que se muerde la cola. Eso pasó. Terminó el texto y se lo envió a un editor que Levinas conocía en alguna parte. El que publicaba las novelas protagonizadas por el detective Romeo Marín, aquel enanon izquierdista que resolvía crímenes relacionados con el mundo del arte. A Javier Santamaría, el editor, que era miembro del Mapu y gozaba de la literatura gótica, le encantó. Aceptó publicarla de inmediato. La novela salió a librerías el 9 de Septiembre. Dos días después el país estalló, y a medidados de octubre un comando del Ejército quemó la bodega de la editorial.

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