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PROPOLEO-ZINE NÚMERO 3 EN MARCHA

FECHA TOPE PARA ENVIAR: 30 DE OCTUBRE
TEMA: 'paisaje' como un abstracto que implica un observador y un territorio/espacio que se visualiza, mirar por la ventana y la marginalidad es un paisaje desolador, la familia desayunando en la cocina desde tu silla puede ser un paisaje hermoso, podrías mirar a tu pololo/a y describir el paisaje en sus ojos.
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Existe en este momento un sitio web con mucho éxito: “Una comunidad global de amigos y extraños contestando una simple pregunta: ¿Qué estás haciendo?”

El sitio es Twitter.com, y más gente de lo que podamos imaginar, está muy dispuesta a contestar varias veces por día esa pregunta, por ejemplo: tomando un helado, hablando por teléfono, caminando, etc., sin ningún reparo.

Qué es lo que hace que tanta gente desee contar lo que está haciendo en ese momento y además le agrade leer lo que los otros dicen?

Puede ser que a muchos jóvenes les interese participar de esta especie de encuesta, como un juego divertido. Constatar que hay muchos como él que están haciendo lo mismo y se sientan mejor. Es una buena forma de comunicación que no discrimina al interlocutor, de modo que se puede ser gordo, flaco, alto, bajo, de cualquier raza, pobre o rico y participar sin posibilidades que del otro lado lo descubran.

Pero también es un hecho real que en las grandes ciudades el anonimato atenta contra la identidad del ciudadano común. En los pueblos, todos se conocen y lo que les pasa de alguna manera se hace público en forma rápida, dando respuesta a las expectativas de importancia y notoriedad de cada uno.

En un conglomerado urbano, es muy diferente. Ni los vecinos del mismo edificio en que vivimos pueden llegar a enterarse de lo que nos está pasando.

Esta circunstancia acentúa la realidad de lo que somos, seres contingentes que podíamos no haber sido.

El anonimato, nos permite muchas libertades pero también puede producir el extraño fenómeno de querer trascender de cualquier forma, aunque sea en el mundo virtual, concretando la ilusión de tal vez ser conocido y de alguna manera distinguido.

Enterarse de lo que está haciendo el otro también ha sido una actividad que desde siempre a los seres humanos les ha gustado hacer. Por alguna razón existen los medios de comunicación.

El 99% de las llamadas a celulares incluyen la pregunta ¿qué estás haciendo?, no es casual que ahora surja la misma pregunta a niveles masivos con alto nivel de interés.

En un clásico del cine que muchos recordarán, titulada “La ventana indiscreta”, el núcleo de la trama se centraba en la actividad del protagonista que postrado en una silla con la pierna enyesada, para no aburrirse, observaba desde una ventana la vida de los vecinos en otros departamentos, circunstancia que le permitió resolver un asesinato.

Debajo del interés por los otros subyace algo menos ingenuo, el deseo de descubrir ese secreto inconfesable que adivinamos en los demás bajo una fachada inocente.

Además, los errores y las transgresiones de los otros, para muchos justifican las propias, aligerando la pesada carga de la conciencia.

Desenmascarar al otro cuando se encuentra más vulnerable, en la intimidad, puede resultar placentero y hasta lucrativo cuando se trata de un personaje famoso.

Los voluntarios participantes de Gran Hermano son un ejemplo. Expuestos las 24 horas del día frente a las cámaras, este programa registra un alto nivel de “rating” aunque los protagonistas estén durmiendo, comportándose como cazadores al acecho esperando lo inaudito.

Me pregunto, ¿por qué muchos prefieren ver hacer al otro lo que les gustaría hacer ellos?, ¿por cobardía o por miedo de ser ellos mismos? Puede ser que observar a los otros sea la oportunidad de que ver un ensayo general en el teatro de la vida, lo que otorga una posición ventajosa con respecto a los que se arriesgan.

No sería más interesante preguntar ¿Qué te gustaría hacer? en lugar de ¿Qué estás haciendo? ya que además de generar una mayor riqueza de respuestas serviría para conectar personas con los mismos intereses prácticos.

Pero ¿Qué estás haciendo? es una pregunta personal que implica una inocente invasión a la privacidad y exige una respuesta más intimista que se presta a la fabulación; aunque al fin y al cabo nadie puede confirmar que lo que aparece en la pantalla sea verdadero.

Tal vez sirva para algo importante, como sería, terminar con los espectadores y lograr impulsar a cada protagonista de esta vida a subir a escena.

(Abril de 2007)
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