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Ya está disponible el PropóleoZine #2.
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En la universidad conocí a un amigo con el cual iniciamos un tándem productivo y emocional en muchos sentidos. Hace años que crecemos juntos en nuestros intereses, a pesar de que somos personalidades re distintas. Es curiosa la relación que tenemos. No es como con esos viejos mejores amigos, donde uno conoce hace tanto tiempo que puede dormirse en los laureles, como si estuviese frente a un espejo.

Con este amigo es distinto. Tiene una personalidad que puede ser tanto elogiosa como cruel. Es capaz de comentarios quirúrgicos que dejan una incómoda sensación de verdad, y te invitan a una dolorosa reflexión. Eso hace que no sea una de esas amistades donde puedes sentarte a descansar siempre. Puede ser una constante sensación de alerta.

Por un lado lo siento como una suerte de hermano mayor, con más experiencia y crueldad encima, siempre obligándote a ampliar tus límites (esto, por supuesto, es uno de las cosas buenas de la amistad). Pero también a veces me reprocho esas salidas, ¿serán simplemente alevosía de su parte? Y también me reprocho mi actitud, más bien calmada, pero nerviosa en el fondo. Me he dado cuenta que me falta un instinto de agresividad, de respuesta, aunque sea lúdico. Puedo sentirme muy expuesto, y creo que hay cierta mezquindad en mi carácter al dejar que esos comentarios sucedan así.
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Tienes que evaluar por ti mismo si esa amistad es saludable para ti. Si esos comentarios crueles son para mantenerte bajo control, para que no seas más que él entonces no lo es.
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cuando sientas que tu guata se aprieta o se retuerce o que te invade una sensación de displacencia, no la dejes estar. piensa en qué factor de todo eso te genera la displacencia (la forma, el fondo, netamente el mal ánimo que te genera). la segunda o tercera vez posterior al inicio de las reflexiones, párale los carros a tu amigo, cuando te sientas así, y explícale qué es lo que te pone mal en esas situaciones. si le pone color o no te da bola, ya sabes a donde hacer las maletas... lo cual no implica que dejes de trabajar con él, por supuesto.
A veces por el miedo a ser confrontacional ("y si se enoja conmigo y no me ve más?") terminas comiéndote toda la mierda del resto.

Hazte respetar, de forma directa. Nada de mariconadas pasiva-agresivas.

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